Los anfibios de Colmenarejo (actividad científica)

Cuando se constituyó Proyecto Verde, el conocimiento sobre las poblaciones de anfibios en este municipio estaba en la prehistoria. En el Museo de Ciencias Naturales existen colecciones de ejemplares capturados en pueblos limítrofes, como Galapagar, Torrelodones, Valdemorillo... Miembros de la AHE (Asociación Herpetológica Española) habían realizado estudios en el embalse de Valmayor y en el río Aulencia, pero sin detenerse en las zonas de interior. Tenemos noticias de algún censo elaborado por un socio de esta entidad, hace más de diez años, que incluso llega a estudiar alguna charca —hoy muy conocida— de nuestro municipio. Sin embargo, estas incursiones inconexas no llegan a concretarse ni en la bibliografía al uso ni en censos sistemáticos.
Al poco de fundarse nuestra asociación, Carlos, que vive en la urbanización “Los Escoriales”, llama la atención de los biólogos sobre unas pequeñas charcas estacionales que hay a la entrada de su urbanización. Al principio, parece más bien un capricho de nuestro socio, derivado de su cercanía al lugar. Además, su formación proviene de la rama de la geología, por lo que su interés en estas charcas no parece muy fiable. Esto sucede durante el otoño de 1999.

Historia de una aparición anunciada

A finales del invierno de 2000 y comienzos de la primavera, se prospecta el lugar con resultados sorprendentes. Al llegar el mes de julio, ya se han descrito poblaciones muy importantes de tritón jaspeado, gallipato, rana común, y la presencia en menor medida pero significativa de sapo común y sapo corredor. En total, 5 especies en un espacio de apenas 5.000 metros cuadrados, una densidad importantísima. Ante este hallazgo, los herpetólogos visitan las charcas. La Dra. Gema Morales hace una primera inspección a finales de primavera. Alerta sobre la presencia casi segura de sapo de espuelas, pero es necesario identificar individuos adultos. El Dr. Alberto Fernández Lop, autor de una tesis doctoral sobre charcas estacionales, visita el lugar y se ofrece a defender su conservación al considerarlas “charcas de extraordinario valor”. Hacemos correr la voz entre nuestros socios más inquietos: “Hay que localizar al sapo de espuelas”. Visitas discretas pero constantes se suceden a lo largo del final de la primavera y el verano, pero sin éxito. Sirven, no obstante, para certificar la enorme riqueza en tritón jaspeado y gallipato. Pero nada de sapo de espuelas.

Una tarde, a finales de agosto, Carlos pasea con su hijo por las inmediaciones de las charcas. Como otras muchas veces, levanta cuidadosamente las piedras que se interponen en su camino, para volver a dejarlas en su lugar, una vez verificado que ningún sapo se esconde bajo ellas. De pronto, observa algo bajo una piedra que le llama la atención. Parece un canto rodado semienterrado; pero Carlos, como buen geólogo, sabe que los cantos rodados son propios de cursos medios y bajos de ríos, o de formaciones detríticas, pero nunca de interfluvios situados en la cabecera de una cuenca. Se aproxima, lo toca y percibe un tacto peculiar. No es un canto rodado, sino la espalda de un pequeño sapo. Con mucho cuidado, retira la tierra a su alrededor y aparece ante sus ojos un sapo diferente a cuantos ha visto (y ha visto muy pocos). El corazón comienza a latir con fuerza. Cree, está casi seguro, que ese sapo cuya filiación desconoce, va a suponer el espaldarazo definitivo a las charcas a las que él mismo ha dado el nombre de su urbanización: “charcas de Los Escoriales”. Llama a Elvira, a Roberto, a Paco, a Luis Javier, a todo aquel que pueda identificar el anfibio. Cuando llegan los biólogos, el sapo es rápidamente identificado: Pelobates cultripes, o sapo de espuelas.

Desde el momento en que atisbamos a comprender la importancia de estas charcas para la biología de los anfibios, nos ponemos en contacto con altas instancias políticas y científicas para tratar de proteger este espacio, destinado en las normas Subsidiarias de Colmenarejo a la construcción de chalets .

Fantasmas de la noche

En la temporada siguiente, se realizan numerosos muestreos en invierno. El resultado es espectacular por lo que se refiere a poblaciones de gallipato y tritón jaspeado, y sorprendente por lo que respecta al esquivo sapo de espuelas, del que se observan en una noche 110 ejemplares en seis metros cuadrados. Y días después, apenas una presencia testimonial, para desaparecer por completo unas semanas más tarde. Más o menos lo mismo sucede con el sapo común (muy escaso) y el sapo corredor (bastante abundante durante las noches de reproducción).

Es la gran dificultad en el estudio de poblaciones de anfibios. Los muestreos más fiables deben hacerse en época en que las larvas aún están en la charca. Luego, una vez formados los individuos adultos, desaparecen sin dejar rastro. ¿Dónde van?

Censos científicos

En cuanto nos damos cuenta de la importancia de este ecosistema, ponemos el asunto en conocimiento del mundo científico. Pasamos los datos de localización a miembros de la AHE que están realizando un censo de charcas y humedales por cuenta de la Comunidad de Madrid. Y finalmente se pone en contacto con nosotros Íñigo Martínez-Solano, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, designado por la Comunidad de Madrid para realizar un censo de anfibios en el Parque Regional. ¿Habrá tenido algo que ver la carta que enviamos al Director General del Medio Natural en noviembre del 2000?. Ahí comienza un periodo de fructífera colaboración. Íñigo visita Colmenarejo en varias ocasiones. Le acompañamos a conocer todas las localizaciones de charcas que el Inventario Medioambiental han puesto de relieve (Localización de charcas). El resultado de sus investigaciones, no solo en Colmenarejo sino en toda la zona del Parque Regional, pone de manifiesto que nuestro pueblo es el último reducto de calidad para la vida de este tipo de fauna en todo el parque, una vez que han desaparecido o alterado gravemente otros ecosistemas antaño muy valiosos, como Torrelodones o Galapagar. En Colmenarejo se encuentran las mejores poblaciones de anfibios que se encuentran en grave peligro (Informe del CSIC).
Para terminar de resaltar la importancia de nuestro municipio para este tipo de fauna, la prestigiosa revista Quercus publica en noviembre de 2002 un artículo sobre los anfibios de Colmenarejo, escrito por Íñigo Martínez Solano.

El ayuntamiento, por libre

Al tiempo que se suceden en cascada los informes e investigaciones de los científicos resaltando la importancia de estas charcas estacionales, contactamos varias veces con el ayuntamiento, solicitando que conceda una figura de protección a estas charcas, cuyo peligro de urbanización es inminente. Pero el ayuntamiento tiene sus propias ideas. Se nos dice que las charcas se secan en verano, que son artificiales pues provienen de una extracción de arcilla de hace 20 años, que son un capricho nuestro... en fin, para qué seguir. Tratamos de venderles la protección de las charcas como un logro político, dándoles un destino lúdico y de educación ambiental, pero da lo mismo. Ellos tienen su propio criterio. Logramos que se comprometan a no urbanizar las charcas, más que nada porque la ley lo prohíbe, pero poco más. En la actualidad, no hay ninguna figura de protección sobre las charcas, ni el ayuntamiento ha aceptado comprometerse a nada. En su fuero interno siguen pensando que el asunto de las charcas es una obsesión personal del presidente de Proyecto Verde, carente de base científica.

Resultado: 4.3 (7 votos)