Culebras

autor: 
Carlos González-Amezúa

Si la serpiente no fuera venenosa, en el Antiguo Testamento no se hablaría de ella como representación del Mal, porque no sería un animal odiado. Sería una especie de lagartija sin patas, más o menos crecidita, en la que nadie repara. Se habrían buscado algún animal de malísima reputación, asqueroso y, por supuesto, mortífero. Pero estando la serpiente, ¿para qué buscar más? El miedo que la serpiente provoca es común a la práctica totalidad de culturas que conviven con ella, y es un miedo que se extiende más allá de la especie humana. Lo comparten mamíferos, anfibios, aves... y es muy superior al que pueda provocar cualquier otro depredador, como un león o un lobo. El hombre —que a fin de cuentas se bajó de los árboles hace nada— lleva impreso en su memoria genética este terror ante la serpiente. Un animal que no ves acercarse, que no hace ruido, que se camufla perfectamente y solamente percibes su presencia cuando ya es demasiado tarde. Es el perfecto paradigma de “la muerte silenciosa” que con el tiempo y la superstición se torna en “la muerte sobrenatural”. El silbido que emite una serpiente al sentirse amenazada es verdaderamente terrorífico para casi cualquier animal superior (exceptuando la mangosta, el erizo y algunas aves, expertos cazadores de serpientes). Y lo cierto es que se trata de un simple silbido. Es una experiencia reveladora ver animales fuertes y valerosos retroceder acobardados ante una simple culebrilla de treinta centímetros que silba aterrorizada al sentirse amenazada. ¿Es que no saben distinguir una simple culebra inofensiva de una víbora venenosa? Ahí reside el quid de la cuestión.

Yo no soy mala

El reino animal rebosa sabiduría. Comportamientos que serían propios de los más sibilinos y taimados príncipes del Renacimiento, son comunes entre algunos animales. Los insectos se disfrazan de bichos venenosos para que las aves no se los coman; las mariposas dibujan en sus alas rostros de animales temidos para evitar ciertos depredadores... Tanta inteligencia genética, ¿y no saben distinguir una culebra de una víbora? Esa es la cuestión; que algunas culebras se diferencian mal de las víboras o otras serpientes venenosas (en nuestras latitudes la única serpiente verdaderamente venenosa es la víbora, y en Colmenarejo no conocemos ninguna cita fiable de su presencia). Y no existe animal, por listo que sea, que sepa hacerlo. Ese es el gran logro de algunas culebras: Conseguir parecerse tanto a sus primas venenosas que la mayoría de depredadores las dejen en paz.
Nuestra protagonista —la culebra— es un animal pacífico y bondadoso. Hace lo posible y lo imposible por pasar desapercibida —como todas las serpientes— pero si tiene la desgracia de ser sorprendida, huirá (la inmensa mayoría de las especies lo hacen) o tratará de asustar a su agresor haciéndose pasar por su prima, silbando y amenazando; pero todo de farol.

Aviso a malintencionados

Atención, amigo lector. En este artículo estamos dando claves y pautas para distinguir serpientes peligrosas de las que no lo son. Y el objetivo es que aquellas serpientes que no se meten con nadie, que se alimentan de ratones y otros animalillos que pueden —excepcionalmente— provocar algún daño a nuestras casas, sean respetadas. Pero si usted, amigo lector, utiliza estos conocimientos para perderles el respeto y exterminarlas sin contemplaciones... debemos contarle algo. Quizá sea la primera vez que lo lea, pero no por eso debe dejar de prestarle atención.

Una leyenda cierta

Pocos días después de que Adán y Eva abandonaran el Paraíso huyendo de la cólera divina, un arcángel dijo al Sumo Hacedor:

“O Dios: Has permitido que el Mal, disfrazado de serpiente, pusiera a prueba la lealtad y el amor de tus hijos, Eva y Adán,... y han sucumbido a sus mentiras. A partir de hoy, lo más probable es que cada vez que vean a la serpiente sabrán que deben evitarla por temor de Dios; y el miedo —que no el amor a tí— les impedirá volver a pecar. Es preciso pues, que crees una criatura que, siendo similar en todo a la odiada serpiente, sea inofensiva y bondadosa. Así, el Hombre aprenderá a distinguir el Bien del Mal no por la superficial apariencia de las cosas, sino por su verdadera naturaleza".

Este arcángel, que no ha pasado a la Historia Sagrada a pesar de su lucidez, fue el ideólogo de la creación de la culebra. Y la razón de su ostracismo histórico es que, según vaticinó, el Hombre no aprendió a distinguir el Bien del Mal y metió en el mismo saco a la víbora y a la culebra (mal menor, en el fondo).

Una amiga

En España, sólo hay culebras y víboras. Las víboras son venenosas, y su veneno puede llegar a ser bastante peligroso. Pero no son las únicas serpientes venenosas. Existen culebras venenosas. Tanto éstas como las propias víboras, tienden a morder para defenderse cuando se sienten amenazadas. Pero las culebras venenosas que podemos encontrar tienen un veneno tan suave que, en caso de mordedura, pensaremos que simplemente nos han pillado en un mal sitio. El resto de culebras no posee veneno.

¿Y cómo sé que tú eres la buena?

Tratar de distinguir una serpiente venenosa de otra que no lo es por el color o el dibujo de su piel es muy arriesgado. Sobre todo porque existe un método mucho más fiable y sencillo: La forma de la pupila. En las víboras que habitan en la Península Ibérica, la pupila es como la de los gatos —ovalada y vertical— mientras que las culebras la tienen como las personas, esférica. Cualquier otro carácter puede ser confuso. La actitud también varía mucho de unas a otras. Todas —venenosas o no— huyen de nosotros siempre que tengan hacia donde hacerlo. Al sentirse acorraladas las víboras tienden a atacar, y son bastante rápidas aunque no tanto como la gente piensa. Un boxeador lanza el “directo” a doce metros por segundo, mientras que la víbora ataca a menos de cuatro. Algunas culebras tratan de asustarnos haciéndonos creer que son venenosas. Se levantan unos palmos del suelo y emiten un silbido espeluznante... pero es puro teatro. Y hay otras, como la simpática Culebra de Collar (Natrix natrix) que ni siquiera intentan morder cuando se las coge. Una prima suya, la Culebra Viperina (Natrix maura) trata de asustarnos lanzando ataques fulgurantes... pero con la boca cerrada, con lo cual todo queda en un golpecillo y un horrible susto.
La mayor de nuestras culebras es la culebra bastarda. Posee veneno, pero no en los colmillos, como las víboras, sino en unos dientes situados muy al fondo de la boca, por lo que abría que meterle el dedo en la boca para que nos hiciera daño. Incluso así, su veneno es muy poco activo, y no correríamos ningún peligro.

Fuera el terror, adelante la prudencia

No debemos matar a cualquier ofidio por el mero hecho de serlo. Observemos su pupila. Si se trata de una víbora nuestro comportamiento correcto dependerá del sitio en el que nos la encontramos. Desde luego, si estamos de excursión en mitad del monte, le hacemos un par de fotos y a otra cosa. Y si es una simple culebra —algunas son muy grandes— puede ser la ocasión perfecta para tocar una serpiente. Unos buenos guantes de cuero nos protegerán de sus tímidos mordiscos. La asiremos justo detrás de la cabeza con firmeza pero sin apretar demasiado. Se enroscará en torno a nuestro brazo y sentiremos el frío húmedo de su piel y la suavidad con la que se desliza. Y concluido el examen, la dejaremos marchar. Su dieta a base de ranas, ratones, insectos e incluso otras culebras no interfiere para nada con nuestros intereses.

Resultado: 4.2 (89 votos)